
QUINTA CINTA: DONDE SE AVANZA EL COMO Y EL POR QUE EL COMIENZO DE LOS ULTIMOS 160 AÑOS DE LUCHA DE CLASES EN EL SUR DE EUSKAL HERRIA ENLAZA CON LA FORMA EN QUE ESPAÑA INTENTO INUTILMENTE CONSTRUIRSE COMO NACION UNITARIA Y CON LA FORMA EN QUE EL FRACASO DE ESE INTENTO CONVIRTIO AL SUR DE EUSKAL HERRIA EN NEOCOLONIA DEL IMPERIO BRITANICO
En los 160 últimos años se ha producido una
mutación vasca que nos ha cambiado de campesinos y rurales
en metropolitanos conurbados
¿Por qué siguen hoy corriendo sangre vasca y sangre
española por las calles de Euskal Herria (y de España)?.
¿Por qué siguen haciéndose disparos o explosionando
bombas que acaban en ataúdes cubiertos por la ikurriña
alzándose a hombros vascos y en ataúdes cubiertos
por la bandera rojigualda alzándose a hombros españoles?.
¿Por qué siguen hoy cientos de mujeres y de hombres
vascos sufriendo en prisiones españolas el cautiverio,
las bestiales e impunes palizas, el abandono médico, la
tortura blanca del aislamiento y la deprivación
sensorial y la violación de los derechos que los acuerdos
internacionales y la propia legislación penitenciaria española
les atribuyen?. ¿Por qué otros cientos de vascas y
de vascos están en el exilio como refugiados políticos,
vigilados o deportados de país en país por los aliados
del Estado español?. ¿Por qué el Estado español
sigue hoy amparando, condecorando, indultando y ascendiendo a
los guardias civiles que torturan a los vascos?. ¿Por qué
siguen hoy juntándose de vez en cuando en nuestras calles
o llenando, como han hecho a primeros de 1994 a petición
de Senideak (la organización de los familiares de los prisioneros
políticos vascos), el estadio de fútbol de Anoeta
decenas de miles de vascas y vascos vitoreando a ETA, gritando
atronadoramente "¡Gora ETA militarra!", acusadoramente
"¡La Policía tortura y asesina!" y explicativamente
"¡Vosotros, fascistas, sois los terroristas!"?.
¿Por qué siguen hoy llenándose de vez en cuando
las calles de las ciudades de España con otras decenas
de miles de personas proclamando que "La ETA asesina",
que "La ETA es terrorista" y voceando que la solución
es "¡ETA al paredón!"?.
No es posible encontrar una respuesta racional y acertada a esas
preguntas si no se cae en la cuenta de que en los últimos
160 años la formación social vasca ha experimentado
una mutación. Y si no se comprende el proceso de
esa mutación, las fuerzas y las ansias y las ambiciones
y aspiraciones enfrentadas que la han provocado y las luchas entre
vascos y españoles y entre los propios vascos que han generado
esa mutación y que, a la vez, han sido efecto o consecuencia
de la misma. Si no se identifican las modificaciones espontáneas
de los hechos sociales de masas (la dinámica de las estructuras)
que han confluído en esa mutación. Si no se revisa
la sucesión de los acontecimientos en la que han intervenido
los individuos y el azar para ir cuajando esa mutación.
Si no se averigüa cuáles han sido los mecanismos que
han vinculado aquella dinámica a estos acontecimientos
para dar como resultado esa mutación.
Mutación quiere decir, en el idioma castellano que estoy
usando para dirigirme a tí, la acción y el efecto
de mudar, de dar o tomar otro ser, otro estado, otra figura. De
dejar aquello que se tenía y tomar otra cosa en su lugar
o de apartar de un empleo. Figuradamente significa la acción
y el efecto de cambiar, de variar, de hacer que una cosa se convierta
en otra. Se dice también mudarse cuando uno deja la casa
que habita y pasa a residir en otra, cuando uno se va del lugar
donde estaba. También se dice mudar cuando se cambia el
modo de vida y cuando se cambia el afecto. Se usa también
la palabra mutación para designar cada uno de los cambios
del escenario donde se supone que transcurre la acción
de una obra teatral. Y para indicar que se ha producido un brusco
cambio en las condiciones metereológicas de la estación
del año que está transcurriendo. Y, en fin, para
indicar el cambio de un carácter hereditario por alteración
de los genes.
Todos esos significados usuales del término mutación
son los que me aconsejan usarlo para subrayar lo que nos ha pasado
a los vascos y a Euskal-Herria en los últimos 160 años.
Ya antes en estas cintas te he advertido de los profundos cambios
que tu vida y la mía suponen respecto a como habrían
sido si hubiéramos vivido aquí hace 160 años.
Ni tú ni yo habríamos tenido, como hoy tenemos,
amigos y conocidos que han sido metidos en la cárcel por
el Estado español por el delito de negarse a servir en
su ejército y a hacer las chapuzas substitutorias de esa
obligación por la sencilla razón de que entonces
ninguna ley autorizaba al ejército español para
que llamara a filas a los vascos. Ni tú ni yo tendríamos
que pagarle un duro a la Hacienda española como arancel
por comprarle cualquier cosa a los norteamericanos o a los rusos
o a quien fuera por la sencilla razón de que las aduanas
españolas estaban en el Ebro y los vascos teníamos
plena libertad de comerciar con quien quisiéramos y de
comprar y vender en nuestras casas lo que quisiéramos.
Los vascos no le pagábamos obligatoriamente impuestos al
Rey español (salvo la alcabala que pagaban los alaveses
y guipuzcoanos y las "tablas" -un impuesto a la exportación-
que se pagaba en Navarra). Ni tú ni yo tendríamos
que usar monedas españolas si no queríamos por la
sencilla razón de que acuñábamos nuestras
propias monedas (en Navarra, hasta 1834, podía exclusivamente
batir moneda la Cámara de Comptos). Yo no habría
tenido que ir a Madrid como he tenido que ir para que me juzgasen
tres veces (y me condenasen dos) por decir lo que no les gusta
oír a los españoles por la sencilla razón
de que ningún ciudadano navarro podía ser juzgado
fuera de Navarra ni por tribunales que no fuesen navarros. Todos
esos cambios en la vida de los vascos en estos últimos
160 años forman parte, sin duda, de la mutación
vasca y se han producido porque nos quitaron los fueros que
nos atribuían esos derechos. Y esa pérdida es -a
su vez- una de las causas principales de la mutación
vasca.
Pero hay un cambio de los vascos en esos 160 años que forma parte muy crucial de la mutación vasca sobre el que quiero que reflexiones muy seriamente. Es un cambio cuantitativo que tiene importantísimos efectos cualitativos. Consiste en que ahora somos muchos más. En estos últimos 160 años nos hemos multiplicado por cinco. En 1833 sumábamos, en números redondos. medio millón de vascos (518.455) en las cuatro provincias del Sur de Euskal Herria. En el reciente censo de 1991 hemos sumado un poco más de dos millones y medio (2.621.700). En ese mismo período la población total del Estado español sólo se ha multiplicado por tres pasando de doce millones y cuarto a un poco menos de treinta y nueve millones.
Para que te hagas una idea de la velocidad de crecimiento que
eso supone ten en cuenta que la humanidad tardó mil años
para multiplicar por cinco los 320 millones de habitantes del
planeta del año 900 hasta los 1.620 millones del año
1900. Compáralo con nuestros 142 años para multiplicarnos
por cinco (en 1975 ya sumábamos 2.556.297).
Pero hay un cambio mucho más importante. Un cambio que
indica como ningún otro que se ha producido una impresionante
mutación vasca en estos últimos 160 años.
Una mutación que ciertamente significa que nos hemos convertido
en otra cosa, que nos hemos cambiado de sitio y de casa, que hemos
cambiado de modo de vivir, que ha cambiado el escenario donde
transcurre la dramática acción de nuestra historia.
Porque en esos 160 años hemos pasado de ser un pueblo rural,
de vivir en el campo, a ser un pueblo metropolitano, a
vivir en una gigantesca macrociudad industrial en crisis.
Fíjate bien: al empezar el siglo XIX había una única
ciudad en las cuatro provincias vascas que superara los diez mil
habitantes. Ni Bilbao ni San Sebastián ni Vitoria llegaban
a tener diez mil habitantes. Sólo Pamplona pasaba, por
los pelos, de trece mil habitantes. Las cuatro capitales no llegaban
a sumar el 8% de la población de las cuatro provincias.
La inmensa mayoría de los habitantes integraban las dispersas
masas rurales vascas que durante los tres primeros cuartos del
siglo XIX protagonizaron nuestra historia, viviendo una larga
lucha en la que fueron completamente derrotadas. Voy a darte un
dato comparativo que me parece esclarecedor. Verás: desde
su aprobación por Felipe V en 1728 la Real Compañía
Guipuzcoana de Caracas realizó durante el siglo XVIII una
importante actividad a partir del monopolio del comercio del cacao
que ostenta y la exportación a América de, entre
otros, muchos productos guipuzcoanos (armas, anclas, etc). Pero
no quiero tanto hablarte del auge y posterior decadencia de esa
compañía sino subrayarte que convirtió al
puerto de San Sebastián en una sucursal del puerto de Cádiz.
Y llamar tu atención sobre el hecho de que la ciudad de
Caracas, así subordinada mercantilmente a San Sebastián,
tenía en 1772 una población de 24.000 habitantes
y de 42.000 en 1812 cuando no ya San Sebastián sino ni
siquiera Bilbao pueden soñar con tener 20.000 habitantes
hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XIX.
Todavía en el censo de 1857 las cuatro capitales no llegaban
a sumar el 10% de la población (Pamplona tenía 22.702
habitantes, Bilbao 17.649, Vitoria 15.569 y San Sebastián
9.484 frente a un total de 710.892 habitantes de las cuatro provincias).
Ahora bien, en 1975 el 94% de los vascos del Sur de Euskal
Herria, dos millones trescientos noventa y cuatro mil novecientos
dieciséis (2.394.916), vivíamos amontonados en una
única macrociudad industrial en crisis. Mi compañera
Margarita Ayestarán y yo hemos demostrado que las áreas
metropolitanas de Vitoria y Pamplona estaban unidas en esa fecha
con la conurbación BIL-DON (Bilbao-Donostia) formada previamente
por la unión de las áreas metropolitanas bilbaína
y donostiarra, constituyendo una mancha urbana metropolitana gigante
que como una mancha de aceite ha ocupado el 48% de la superficie
total de los términos municipales del Sur de Euskal Herria.
A la que hemos llamado CINDU-EUSKADI, la Ciudad Industrial
Euskadi. Y que, demostrando también así cómo
de artificial es la frontera que mienten como franco-española,
continúa ininterrumpidamente en Iparralde. Porque la conurbación
BIL-DON no es más que la parte bajo dominio español
de la más amplia conurbación BIL-BAY (Bilbao-Bayona).
Pero lo que me importa ahora resaltarte es que los vascos urbanos
del Sur de Euskal Herria hemos pasado de ser menos del diez por
ciento a primeros del siglo XIX a ser el 94% al empezar el último
cuarto del siglo XX. Con el importante matiz de que nos hemos
convertido de urbanos en metropolitanos, es decir en urbanos que
vivimos en una ciudad muy, pero que muy grande. Y para hacerlo
hemos producido una formidable transformación/destrucción
del paisaje y de la tierra vasca. Como se lee en el importantísimo
documento de KAS del que te hablaré enseguida: "Desde
el paleolítico hasta 1950 se habían construido en
Hegoalde 300.000 viviendas. De 1950 a 1975 se construyeron 494.381
más". Hemos excavado profundos cráteres, hemos
cortado de un tajo las montañas. hemos convertido en cloacas
malolientes nuestros ríos, hemos cubierto insensatamente
de asfalto y de cemento las muy escasas tierras fértiles
del fondo de los valles de nuestras provincias marítimas,
hemos construido absurdos edificios de decenas de pisos en laderas
con inclinaciones de cuarenta grados, hemos emporcado el aire
y el cielo. Esa es la mutación vasca fundamental.
La que condiciona y sobredetermina los cambios de nuestros comportamientos.
La que necesita ser comprendida para poder conocer nuestro presente.
Si uno no comprende eso y por qué ha sucedido no puede
entender nada de lo que pasa hoy en el Sur de Euskal Herria. Te
insisto en un ejemplo del que ya te hablé. Los indocumentados
periodistas españoles amontonan imbecilidad sobre imbecilidad
cuando escriben sobre Euskal Herria o cuando hablan de los vascos
en sus tertulias radiofónicas. Noventa y nueve de cada
cien veces que se refieren al euskara añaden alguna estupidez
sobre que es un idioma rural,de campesinos y pescadores y sobre
el carácter ancestral, primitivo y antiguo de sus hablantes.
Porque desconocen que el 94% de los vascos del Sur de Euskal Herria
vivimos ya en una macrociudad y que, por ello, la inmensa mayoría
de los actuales euskaroparlantes no son ya rurales sino más
que urbanos. Metropolitanos.